Celestino Ramírez, miembro de la comunidad Triqui de la Ciudad de México, llegó de su natal Oaxaca, pero la falta de oportunidades y estudios se combinó con la necesidad y fue más fácil irse por el mal camino.


Por Rodolfo Rosales S.

Celestino Ramírez, miembro de la comunidad Triqui de la Ciudad de México, llegó de su natal Oaxaca, pero la falta de oportunidades y estudios se combinó con la necesidad y fue más fácil irse por el mal camino.

Así que pronto se vio con ingresos al Tutelar Para Menores Infractores y posteriormente a la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla y  los reclusorios, donde tuvo que aprender a defenderse, gracias a eso se conectó con el boxeo, que fue su tablita de salvación.

Para llegar al gimnasio donde entrena, uno debe atravesar una serie de casas de lámina galvanizada, que forman una especie de laberintos, a un costado de la Avenida Congreso de la Unión, frente a la Cámara de Diputados y sale a un complejo de edificios.

Celestino Ramírez

Se ingresa por el número 74, tras subir unas escaleras y caminar unos 60 metros, se bajan otras escaleras y ahí, en el estacionamiento, habilitó un ring de tres por tres metros, con tarimas de madera y una lona de anuncio que el mismo pintó, sus cuerdas son de mecate de plástico y techo tiene una lona. Un pequeño letrero resalta orgulloso en la pared: “Boxeo Triqui”.

Ese lugar es el centro de trabajo y laboratorio de sueños de Celestino, donde entrena a más d4 40 niños y jóvenes de su comunidad, con la esperanza de que ellos sean personas de bien “para que su suerte sea muy diferente a la mía, se puede y lo podemos hacer, con el apoyo de mucha gente”.

En su rostro se notan su paso por las peleas callejeras, sus riñas en prisión para poder sobrevivir, per las que más le duelen, son las cicatrices en el alma, esas que no se ven, pero se marcaron al pasar hambre, frío y sus largas noches en la cárcel.

Celestino Ramírez

Su tez morena y sus ojos pequeños brillan cuando habla de la comunidad Triqui y de los niños y jóvenes que entrena “les deseo un mejor futuro, pero antes que su entrenador soy su amigo; por ejemplo, si alguien no tiene tenis, pues se los conseguimos, o como ustedes de CLETO REYES, que ahora nos han apoyado con guantes y un importante equipo para entrenamiento; sólo así vamos a crecer”.

“Por ejemplo, aquí el barrio es bravo”, comenta, mientras los niños corren y brincan a su alrededor. “Quiero un mejor futuro, que combinen el deporte con los estudios, necesitamos gente preparada para que atiendan a su misma comunidad, pero si en ese camino nos sale un campeón mundial, sería fabuloso para todos”.

Celestino Ramírez narra que su gimnasio lo hizo con cosas de la basura, como las tarimas; guantes y costales que estaban tirados y rotos “sólo e pusimos cinta y listo, pero ahora con guantes, caretas, conchas, vendas y protectores bucales, pues los niños se van a motivar”.

Celestino Ramírez

“Acá el entorno es duro, estamos en una colonia dura (Candelaria de los Patos), los niños deben aprender a meter las manos para defenderse y qué mejor que el boxeo, que es un gran deporte. Adoró a mi comunidad y quiero lo mejor para estos niños, que sean gente de bien en el futuro”, concluye Celestino Ramírez.