RODOLFO ROSALES

Mauricio Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, creció viendo boxeadores famosos comiendo en su casa, como Muhammad Ali, Sugar Ray Leonard, Mike Tyson, Julio César Chávez y hasta el promotor Don King.

Por esa razón el boxeo lo lleva en la sangre y su afición al mismo le brota en cada poro de su piel; así que él no narra, en primera persona, como fue esa experiencia, la manera en que decidió aceptar el puesto de presidente del WBC y lo que espera de la convención 60 del organismo, que inicia este lunes en Acapulco.

“Desde que tengo uso de razón, el boxeo ha estado en mi vida en mi día a día; siempre viendo casa llena de boxeadores de todo tipo, aficionados y profesionales, como Mohammed Ali, Mike Tyson, Sugar Ray Leonard, Roberto Durán, Julio César Chávez. Era muy común llegar de la escuela y encontrarse con ellos”.

Eso sí, reconoce el trabajo de su padre -José Sulaimán-, así como las ausencias que tuvo en casa por cumplir su deseo de abrir el boxeo al mundo.

“Toda mi vida vi como mi papá viajó por todas partes del planeta y eso causó una ausencia en casa, donde mí mamá tuvo la grandeza ser también papá, aunque no debo negar que mi papacito siempre estuvo presente y ahora entiendo su sacrificio”.

En los tiempos de don José Sulaimán no había fax, email ni mucho menos redes sociales, “entonces tuvo que abrir el mundo del boxeo por medio de su trabajo, de sus viajes y todo lo que sucedía fue por la pasión con la que buscó cambiar el boxeo, que antes era un boxeo mucho más brutal era, dramático y ver cómo se abusaba en todos los sentidos de los peleadores”.

“Mi padre entendió como un ser humano que nace en la pobreza es rechazado por la sociedad, que en su colonia hay tantas tentaciones a la mano y encuentran el camino del boxeo, que pueden cambiar su vida y ser personas de bien, llegar a ser ídolos y mover países”.

Tras el fallecimiento de su padre, Mauricio no aspiraba a la presidencia del organismo, sino a un puesto menor.

“Para mí llegar a la presidencia fue algo circunstancial, nunca entendí ser presidente, antes de su muerte, mi papá y yo tenemos claro que yo tenía que manejar la empresa familiar, la fábrica, y le ayudaba en el boxeo simplemente para estar cerca de él… fue pasando el tiempo y empecé a tomar responsabilidades más ejecutivas.

“Cuando mi papá muere pensé que mi camino terminaba en el boxeo, pero mi mamá y mi esposa me confirmaron que yo debería de seguir en el boxeo en el Consejo Mundial y decidí hacerlo pensando que me iba a quedar como secretario ejecutivo, pero cuando se hizo la elección para el nuevo presidente, conforme al reglamento, la junta de gobierno confió en mí, me eligieron como presidente.

En la parte metafórica afirma que a partir de ese día su vida cambió para bien y habla, de su padre: fue mi ídolo, lo más querido en mi vida, y hasta la fecha está presente en mí todos los días de mi vida. Al hacer esta actividad lo siento dentro de mí, siento que me da consejos, que me que me da línea de qué, cómo y cuándo”.

Reconoce que don José dejó una serie de sueños, objetivos, planes y proyectos “muchos de esos ya los hemos podido ejecutar, pero la prioridad para mí ha sido mantener al WBC, con los mismos principios y valores, siempre pensando en la protección al peleador”.

De la convención que inicia este lunes en Acapulco, que el objetivo en seguir construyendo las bases para proteger al boxeador antes, durante y después de los años de gloria.

“Esta convención es muy importante el boxeo está viviendo una época de oro, pero con ello vienen muchas amenazas, muchos problemas que se tienen que atender. Lo más importante es procurar que se hagan las peleas las que el público quiere ver, que haya unidad y respeto entre promotores, que las televisoras trabajen en coordinación. Lo mejor es que vamos a tener muchísimos campeones y muy contento de que México sea, una vez más, el país que reciba al mundo del boxeo.